De aerogeneradores a puentes: la segunda vida de las palas eólicas 

La energía eólica es una de las grandes protagonistas de la transición energética, pero también plantea retos. Uno de ellos es el hecho de qué hacer con las palas de los aerogeneradores cuando su vida útil llega a su fin. 

Debido a las condiciones extremas que deben soportar durante décadas, las palas de un aerogenerador están fabricadas con materiales compuestos de fibra de vidrio o carbono, a diferencia de otros componentes de un molino de viento, como el acero de la torre o los metales del generador. Esto las hace extremadamente resistentes, pero también difíciles de reciclar, lo que complica su reutilización una vez desmontadas. 

Vida útil de los aerogeneradores 

La mayoría de las palas de aerogenerador tienen una vida útil de entre 20 y 25 años, por lo que muchos de los parques eólicos instalados a comienzos de siglo están empezando a ser renovados. Esto significa que miles de palas están siendo retiradas en todo el mundo. 

Así, se estima que para 2030 Europa podría generar entre 40.000 y 60.000 toneladas de residuos procedentes de palas eólicas, lo que ha impulsado la búsqueda de soluciones alternativas a su depósito en vertederos. 

Una segunda vida: su reutilidad en construcción

Las palas de aerogenerador están diseñadas para ser extremadamente ligeras y, al mismo tiempo, muy resistentes. Estas características han llevado a investigadores e ingenieros a plantear una idea sencilla pero ingeniosa: reutilizar las palas como elementos estructurales en infraestructuras que precisen de las mismas necesidades, como puentes y pasarelas. Dos palas pueden colocarse en paralelo para crear la estructura principal de una pasarela, sobre la que se instala posteriormente el tablero, aprovechando así la forma aerodinámica y la resistencia de las piezas originales. 

Existen ya varios proyectos piloto con esta filosofía, siendo uno de los más conocidos BladeBridges, impulsado por investigadores de la Universidad Queen’s de Belfast dentro de la red internacional de investigación Re-Wind. Las pruebas realizadas han demostrado que estas estructuras pueden soportar cargas considerables, incluso el paso de maquinaria pesada como excavadoras.  

Diseño planteado por la red Re-Wind

En otros proyectos europeos y estadounidenses se han construido prototipos de pasarelas y pequeños puentes utilizando este tipo de materiales, confirmando su viabilidad técnica como solución de economía circular. 

Economía circular aplicada a las infraestructuras 

Reutilizar palas de aerogenerador tiene varias ventajas desde el punto de vista ambiental y constructivo. Por un lado, evita que materiales compuestos de gran tamaño acaben en vertederos o incineradoras. Por otro, permite reaprovechar elementos de alta ingeniería que ya han sido diseñados para soportar grandes esfuerzos y condiciones climáticas extremas. 

Además, este tipo de soluciones puede reducir el consumo de materiales nuevos en determinadas infraestructuras ligeras, contribuyendo a un modelo de construcción más circular y eficiente. 

En algunos proyectos recientes, las palas también se están reutilizando para otros usos, desde mobiliario urbano hasta estructuras de infraestructuras energéticas o elementos de protección ambiental.

Prototipo de un modelo de merendero de Re-Wind.

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Estructura de hormigón armado y gradas del Nou Mestalla en fase de construcción.

El Nou Mestalla toma forma: la gran cubierta que reescribirá el skyline de Valencia 

Hay obras que solo se entienden cuando empiezan a cobrar altura. El Nou Mestalla ha sido durante demasiados años un proyecto que se explicaba en papel y en maqueta: 18 años de arranques, paralizaciones, refinanciaciones y replanteos que convirtieron el solar del nuevo estadio valencianista en el símbolo más incómodo del fútbol español. Desde enero de 2025, cuando se reiniciaron los trabajos con fecha de entrega comprometida para julio de 2027, algo ha cambiado. Y a la altura de este junio de 2026, lo que está pasando en la parcela del Nou Mestalla ya no necesita explicación en papel: se ve. 

Recreación del graderío del Nou Mestalla, diseñado para albergar a más de 70.000 espectadores y cumplir con los estándares de la UEFA para grandes finales internacionales. Foto: Fenwick Iribarren.

La razón es la cubierta. En las últimas semanas, el estadio, cuya construcción arrancó originalmente en 2007, ha vivido un salto visual cualitativo con la instalación de 30 pilares y 21 de los anillos de compresión que conforman la estructura de lo que será uno de los techos más complejos del panorama europeo. El Valencia CF y FCC Construcción, empresa adjudicataria de las obras, trabajan a contrarreloj para cumplir con el cronograma que exige tener la cubierta terminada en abril de 2027, apenas tres meses antes de la entrega definitiva del estadio. 

Una ingeniería de alta tecnología reducida al mínimo material 

La cubierta del Nou Mestalla es la pieza que da coherencia arquitectónica a todo el proyecto. Concebida por el estudio Fenwick Iribarren Architects, se basa en dos anillos estructurales. El exterior es un anillo de compresión; el interior, un anillo de cables en tracción. Ambos se conectan mediante un sistema radial de cables que el propio Salvador Alonso, director técnico del proyecto, describe como una cubierta de alta tecnología diseñada con un criterio de máxima eficiencia: 4.800 toneladas de acero para cubrir más de 41.000 metros cuadrados, con un diseño estructural que, según Alonso, ha permitido rebajar el peso inicial en 4.500 toneladas respecto a versiones anteriores. 

El Nou Mestalla contará con una cubierta de alta tecnología de 41.000 m² integrada en el skyline de Valencia. Foto: Fenwick Iribarren.

Los 50 pilares de acero S355, de 38 metros de altura y 30 toneladas de peso cada uno, son los elementos más visibles de ese sistema. Actúan como columnas exteriores que sustentan el anillo de compresión y que, al mismo tiempo, forman parte de la imagen de fachada del estadio: una columnata de acero que evoca la arquitectura de un tholos griego, según la propia descripción del proyecto presentado por el club en 2024, y que dota al nuevo recinto de una presencia reconocible en el skyline del norte de Valencia. 

Detalle de los pilares de acero S355. Además de su función estructural, estos elementos definen la estética exterior del estadio inspirada en la arquitectura clásica. Foto: Fenwick Iribarren.

Un estadio pensado para los próximos cincuenta años 

La cubierta no protegerá solo del sol y de la lluvia. Está diseñada para tamizar la luz mediterránea sobre la totalidad de los 70.044 asientos, mejorar la acústica de la grada, replicando en el nuevo estadio el efecto sonoro que ha hecho legendario al viejo Mestalla, e integrar una instalación fotovoltaica en su perímetro exterior. Esta última, desarrollada por Octopus Energy como socio fundador sostenible del proyecto, convertirá la cubierta en un generador de energía renovable y contribuirá a posicionar al Nou Mestalla como una de las infraestructuras deportivas más eficientes de España. 

Detalle de las áreas VIP, donde el diseño y la integración tecnológica buscan elevar la experiencia gastronómica y el valor urbano del estadio. (Foto: Fenwick Iribarren).

El proyecto cumple con todos los parámetros de la elite stadia list de la UEFA, lo que permitirá al estadio acoger grandes finales europeas, partidos de selecciones internacionales y, si los plazos se cumplen, partidos del Mundial 2030. Con una inversión total para terminar las obras estimada en 139,7 millones de euros, respaldada en parte por un bono de 240 millones colocado con el fondo Goldman Sachs, el Nou Mestalla es hoy uno de los proyectos de arquitectura deportiva más relevantes del continente.  

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Londres estrena el V&A East: el museo diseñado por Balenciaga que invita a «dejar huella» 

El 18 de abril abrió sus puertas en el este de Londres el V&A East Museum, el nuevo espacio del Victoria & Albert que completa el campus cultural que la institución ha levantado en el Queen Elizabeth Olympic Park de Stratford.

Más de diez años de trabajo cristalizan en un edificio de cinco plantas diseñado por el estudio irlandés O’Donnell + Tuomey, una construcción que desde el primer momento hace de la arquitectura una declaración de intenciones: aquí se viene participar, no solo a contemplar

El museo nace en uno de los barrios que más ha cambiado en Londres en las últimas dos décadas. Stratford, transformada por los Juegos Olímpicos de 2012, se consolida ahora como un nuevo polo cultural de la ciudad con la apertura del V&A East Museum. El museo se suma al V&A East Storehouse, inaugurado en mayo de 2025 y diseñado por el estudio Diller Scofidio + Renfro, y a otros equipamientos del proyecto East Bank como la sede de Sadler’s Wells East, el campus de UCL, la London College of Fashion y nuevas instalaciones de la BBC.

Vista panorámica de la zona peatonal de East Bank en Stratford. A la derecha, el London College of Fashion (Allies and Morrison) convive con el V&A East Museum (O’Donnell + Tuomey) al fondo, articulados por el paseo del río.

Balenciaga como punto de partida arquitectónico 

El concepto del edificio parte de un lugar inesperado: la obra del modisto Cristóbal Balenciaga. Los arquitectos, impresionados por una exposición sobre el diseñador celebrada en el propio V&A en 2017, encontraron en su modo de trabajo la clave para abordar el proyecto. Balenciaga aplicaba a sus prendas el concepto japonés de ‘Ma’: el espacio intermedio, creando una tensión activa entre la prenda y el cuerpo. O’Donnell + Tuomey trasladaron ese principio al edificio: la fachada, más que envolver el edificio, lo enmarca. El resultado es una piel de 479 paneles de hormigón prefabricado, cada uno de geometría única, cuya disposición facetada modula la luz a lo largo del día y forma patrones que evocan las letras V y A de la identidad visual de la institución. 

El edificio no se presenta como un objeto cerrado en el espacio urbano. Frente a él, una plaza pública se prolonga hasta el río, con elementos de mobiliario integrados en la propia base del edificio que difuminan el límite entre arquitectura y espacio colectivo. Las entradas en fachada, lateral y trasera permiten acceder desde múltiples puntos sin ningún elemento de control que marque una jerarquía entre visitantes. La decisión es coherente con la misión del museo: en el V&A East no hay recepción que intercepte al visitante, ni sala de espera, ni protocolo de entrada. Se entra como se entra a una plaza. 

Un museo que invita a hacer 

La exposición permanente Why We Make (“Por qué creamos”) ocupa dos plantas y reúne más de 500 piezas de los fondos del V&A que abarcan 5.000 años de arte, diseño y performance. Fue cocreada con grupos de jóvenes de los cuatro distritos olímpicos de Londres: Hackney, Newham, Tower Hamlets y Waltham Forest, y sitúa la creatividad como práctica compartida más que como resultado excepcional. La muestra inaugural, The Music Is Black: A British Story, explora la influencia de la música negra británica desde 1900 hasta el presente, en la que se define como la mayor exposición dedicada hasta ahora a este tema. 

La arquitectura refuerza ese discurso programático: el edificio incluye espacios de descanso y estancia sin obligación de consumir, zonas de proyecto comunitario, una terraza con vistas al parque y a la ciudad, y una circulación diseñada para deambular. El estudio de señalética Fieldwork Facility ha trabajado el wayfinding para que los recorridos sean intuitivos, pero no impuestos. 

Un hito para el barrio y para la arquitectura de museos 

El V&A East se inscribe en un debate más amplio sobre qué debe ser hoy un museo nacional: si un templo del saber o una infraestructura de barrio. La apuesta de O’Donnell + Tuomey, el mismo estudio que diseñó el premiado Student Centre de la London School of Economics en 2014, es clara: los museos del siglo XXI deben servir a las comunidades que los rodean sin renunciar por ello a la ambición cultural. La arquitectura, en este caso, no es solo el contenedor de esa idea: es su mejor argumento. 

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Arte, arquitectura y bienestar urbano: un nuevo diálogo desde la Casa de la Arquitectura y la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza 

La arquitectura no solo define cómo se construyen las ciudades, también influye en cómo se viven. Espacios públicos, viviendas, museos o parques condicionan la manera en que las personas se relacionan con su entorno y con los demás. Con esta idea de fondo, la Casa de la Arquitectura y la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza han firmado un protocolo de colaboración para impulsar proyectos que conecten arte, arquitectura y bienestar urbano. 

El acuerdo busca reforzar la relación entre disciplinas que, aunque históricamente siempre han estado vinculadas, cada vez dialogan más en torno a un objetivo común: crear ciudades más habitables, sostenibles y centradas en las personas. 

Un puente entre cultura y ciudad 

La Casa de la Arquitectura, iniciativa impulsada por el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, nació con la vocación de acercar la arquitectura a la ciudadanía y poner en valor su papel en la transformación de las ciudades. A través de exposiciones, publicaciones y actividades divulgativas, este espacio pretende mostrar cómo la arquitectura influye en la vida cotidiana. 

Por su parte, la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza es una de las instituciones culturales más relevantes del país, con una amplia trayectoria en la promoción del arte y el patrimonio. 

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza es un referente cultural en la capital con exposiciones de calado internacional como ‘Arquitecturas pintadas’, ‘Realistas de Madrid’ y ‘Monet/Boudin’.

La colaboración entre ambas entidades pretende precisamente tender puentes entre el ámbito cultural y el urbanístico, explorando cómo el arte y la arquitectura pueden contribuir al bienestar en las ciudades contemporáneas. 

Arquitectura y calidad de vida 

En las últimas décadas, el concepto de bienestar urbano ha ganado protagonismo en el debate sobre planificación y diseño de ciudades. Factores como la calidad del espacio público, el acceso a la cultura, la integración de zonas verdes o la escala humana de los barrios influyen directamente en la salud y el bienestar de quienes los habitan. 

La arquitectura juega un papel clave en este proceso. No solo determina la forma de los edificios, sino también la configuración de calles, plazas y equipamientos que estructuran la vida urbana. 

Desde esta perspectiva, el nuevo protocolo pretende promover iniciativas que exploren esa relación entre diseño arquitectónico, experiencia cultural y bienestar social. Entre ellas, se encuentran exposiciones, encuentros, programas educativos o iniciativas de investigación que analicen el papel del arte y la arquitectura en la transformación de las ciudades. 

La Casa de la Arquitectura se consolida como un espacio de encuentro entre la disciplina y la ciudadanía a través de muestras como ‘Regeneraciones: China y España en el espejo’.

Estas acciones buscarán fomentar el intercambio de conocimientos entre profesionales de la arquitectura, el arte y el urbanismo, así como acercar estas disciplinas al público general. El objetivo final es contribuir a una reflexión más amplia sobre el papel que desempeñan la cultura y el diseño urbano en la construcción de ciudades más inclusivas, sostenibles y habitables. 

La arquitectura como parte de la cultura 

En un momento en el que las ciudades afrontan retos cada vez más complejos, desde la transición ecológica hasta la transformación del espacio público, iniciativas como esta recuerdan que la arquitectura no es solo una cuestión técnica o constructiva. Es una expresión cultural que refleja cómo las sociedades imaginan y construyen su futuro. 

Promover el diálogo entre arte y arquitectura significa, en última instancia, pensar las ciudades desde una mirada más amplia, en la que la funcionalidad, la estética y el bienestar de las personas formen parte de la misma conversación; como es el caso de Stockholm Wood City, la mayor urbe de madera del mundo que emerge en Suecia como referente técnico en sostenibilidad y regeneración de espacios industriales.

Vista principal del proyecto Stockholm Wood City en el distrito de Sickla. Un ejemplo de integración de espacios de trabajo con soluciones de edificación bioclimática.

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