El proyecto Itiner-e, fruto de la investigación realizada por un equipo de la Universitat Autònoma de Barcelona y el arqueólogo Tom Brughmans en la Universidad de Aarhus (Dinamarca), ha revelado el mapa digital más detallado jamás creado sobre las carreteras del Imperio romano. La investigación, publicada en la revista Scientific Data del grupo Nature, proyecta, por primera vez, una cartografía exhaustiva e identifica casi 300.000 kilómetros de carreteras imperiales, el doble de los registros anteriores, el equivalente a siete vueltas al mundo.
Su base abarca la totalidad del Imperio en torno al año 150, con un área de casi cuatro millones de kilómetros cuadrados y una población estimada de 55 millones de personas. La novedad reside en la precisión cartográfica, alcanzada gracias a la combinación de datos arqueológicos, epigráficos e imágenes topográficas, que permite situar las calzadas con una resolución entre cinco y 200 metros.
El origen de Itiner-e se remonta a un esfuerzo conjunto iniciado en 2020. El equipo coordinado por Pau de Soto concibió el proyecto con el objetivo de crear un mapa digital completo de las vías romanas. Su desarrollo culminó tras cuatro años de trabajo con la integración de información dispersa en publicaciones arqueológicas, archivos regionales y catálogos de museos.
El resultado es impresionante: 299.171 kilómetros de caminos romanos trazados y divididos en 14.769 tramos, de los cuales un 34,58 % fueron clasificados como vías principales (como la célebre Vía Apia, conocida como la ‘reina’ de las grandes calzadas romanas) y el resto (más de 195.000 km) como rutas secundarias, muchas de ellas sin nombre, pero esenciales para la movilidad local.
Todos los caminos llevan a Roma
Las dimensiones del Imperio romano representan uno de los ejemplos más notables de organización territorial de la Antigüedad. Su expansión alcanzó regiones de Europa, el norte de África y Asia Menor, articuladas por una red de calzadas que permitió el movimiento de legiones, mercancías y órdenes imperiales. Esa red se convirtió en el eje logístico y administrativo que sostuvo durante siglos el funcionamiento del Estado más extenso del mundo antiguo, un sistema en el que cada camino servía para conectar el poder de Roma con los territorios más alejados.
La magnitud de esa estructura explica el origen de la conocida idea de que todos los caminos llevaban a Roma, una realidad construida sobre una infraestructura planificada al detalle que generó nuevas rutas, enclaves y ciudades, y que impulsó el comercio y la expansión cultural del Mediterráneo.
Las carreteras romanas no eran simples caminos de tierra. Muchas de ellas estaban pavimentadas con piedra, equipadas con drenajes, puentes y mojones o señales con distancias marcadas. Eran verdaderas autopistas de la antigüedad, diseñadas para facilitar el rápido despliegue de legiones, la recaudación de impuestos, el comercio de bienes y la circulación de ideas, religiones y hasta enfermedades.
Este logro no sólo reconfigura la gran red vial del Imperio romano que existió entre el 27 a.C. y el 476 a.C. (unos 500 años), sino que aporta datos clave para estudiar fenómenos históricos como la propagación del cristianismo, las migraciones masivas tras la caída del Imperio, o el avance de pandemias como la peste antonina del siglo II d.C., que viajó desde el Medio Oriente hasta las urbes más occidentales por estas mismas rutas.

Un recurso vivo para entender el mundo antiguo
Uno de los hallazgos más sorprendentes de este proyecto es que sólo el 2,7 % de la red se ha localizado con precisión absoluta. Es decir, son apenas 8.000 kilómetros de los 300.000 estipulados. Únicamente esta pequeña porción de caminos puede situarse con un margen de error inferior a 50 metros en terrenos montañosos y 200 en zonas planas. El 89,8 % se considera localizado con menor precisión, y el 7,4 % restante es simplemente hipotético, basado en inferencias geográficas o menciones históricas sin evidencia arqueológica concreta.
Está claro que aún falta mucho por descubrir, pero gracias a este mapa interactivo y abierto, arqueólogos y académicos de todo el mundo podrán contribuir con nuevos hallazgos y mejorar la exactitud del mapa con el tiempo (cada tramo de carretera tiene un identificador único, una fuente documentada y su nivel de certeza expresado).
Itiner-e permitirá, además, que otros investigadores puedan incorporar los datos de sus estudios manteniendo su autoría.
Más información sobre el proyecto en este vídeo
Fuente: El País, La Vanguardia, eldiario.es

