El río Sella cuenta desde este verano con una nueva infraestructura entre Arriondas, en el concejo asturiano de Parres, y Cangas de Onís: el puente Emilio Llamedo Olivera, que ha reemplazado al viaducto que unía ambas orillas desde 1939. La actuación, promovida por el Gobierno del Principado de Asturias, ha supuesto una inversión global que supera los 5,2 millones de euros, de los cuales 3,7 corresponden a la adjudicación de las obras.
Un único tablero sin apoyos en el río
La solución estructural adoptada responde a un criterio claro: dejar el cauce del Sella libre de obstáculos. El nuevo puente se resuelve con un único tablero metálico de 96 metros de longitud, dos de altura y 10,8 de anchura, sin pilares intermedios en el río. La estructura se apoya exclusivamente en los estribos de ambas orillas, lo que elimina las dos pilas de hormigón que condicionaban el viaducto anterior y mejora la capacidad hidráulica del cauce ante avenidas.

Perspectiva general del Puente Emilio Llamedo de Arriondas y su integración sobre el cauce del río Sella. Fuente: El Fielato.
El tablero está formado por dos grandes vigas cajón de acero corten, de 190 y 100 toneladas respectivamente, que fueron izadas y colocadas en abril mediante una grúa de 600 toneladas y más de 30 metros de altura. La maniobra, de especial complejidad técnica, se completó en dos jornadas con las vigas transportadas desde una plataforma construida en la margen del río.
Más anchura, aceras de vidrio y mirador sobre el inicio del Descenso
La ampliación es sustancial: el nuevo puente pasa de los 8,4 metros de anchura total del viaducto original a 14,3 metros. Sobre el tablero se dispone una calzada de 7,3 metros para vehículos y dos aceras peatonales de 3,5 metros cada una, separadas por barreras de seguridad. Las aceras incorporan una triple capa de vidrio sustentada por costillas metálicas, pensada para ofrecer vistas en vertical sobre el cauce.
La margen derecha del puente alberga además un mirador en voladizo, situado justo sobre el punto en el que cada verano se da la salida al Descenso Internacional del Sella, una de las pruebas de piragüismo más emblemáticas de España. El elemento confiere al nuevo paso una vocación que trasciende la estricta movilidad y lo convierte en infraestructura con valor paisajístico y simbólico añadido.
Un relevo técnico tras 86 años de servicio
El puente sustituido había cumplido 86 años de servicio y presentaba limitaciones evidentes en anchura, seguridad peatonal y capacidad para el tráfico actual. La demolición completa del viaducto se abordó al inicio de las obras, dando paso a la ejecución de los nuevos estribos y a la construcción de la glorieta de acceso al hospital del concejo. El plazo de ejecución fijado en la adjudicación es de 24 meses.

Trabajos de desmantelamiento del antiguo viaducto de 1939, cuyos pilares de hormigón condicionaban la capacidad hidráulica del río Sella. Fuente: Xuan Cueto.
Más allá del valor estricto como infraestructura local, la obra ilustra una tendencia creciente en la red viaria española: la renovación de puentes construidos entre los años treinta y cincuenta del siglo pasado, próximos al final de su vida útil, mediante soluciones estructurales modernas que mejoran la seguridad, la capacidad y la integración ambiental de la infraestructura con el entorno natural que atraviesa.
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