Las verdaderas barreras de la necesaria rehabilitación energética

Nos encontramos ante uno de los mayores retos del sector de la construcción impulsado por el escenario económico, social y tecnológico global. La integración de la innovación en todo el entramado de esta industria es ineludible, no ya sólo en cuanto a materiales y procesos de gestión, sino en cuanto a la manera de concebir la edificación, la interactividad entre los agentes del sector y el propio negocio.

Métodos como BIM (Building Information Modelling) son impulsados hoy por el Gobierno de España, con el fin de implantar este sistema de trabajo colaborativo en la construcción. Nuevos términos, aplicados desde hace años en otros sectores empresariales, como la metodología Lean, el aprovechamiento de los datos masivos con los sistemas Big Data, la realidad aumentada y las impresiones 3D, la robótica o la ciberseguridad, se inmiscuyen con descaro en nuestro sector, con la intención de generar la revolución de la Construcción 4.0, también llamada “la digitalización del sector de la construcción”.

Sin duda, a esta aún inmadurez tecnológica se suma el arrastre de la crisis que sufrió la construcción. En este sentido, la rehabilitación de edificios y viviendas está siendo parte de la tabla de salvación que empuja hacia arriba el sector y que, movida por los objetivos sostenibles que marca la Unión Europea, también requiere innovación que permita aplicar criterios eficientes y sostenibles.

A principios de mayo, la Fundación Laboral de la Construcción habló precisamente sobre este asunto en la jornada que organizó la Empresa Municipal del Suelo y la Vivienda (EMSV) del Ayuntamiento de Getafe, sobre «La rehabilitación como motor de la regeneración urbana», en donde el responsable de Proyectos Internacionales de la entidad paritaria, Javier González, presentó el proyecto europeo Rehabilite y destacó la importancia de promover nuevas actuaciones y vías de financiación para potenciar la rehabilitación y la eficiencia energética.

Jornada sobre «La rehabilitación como motor de la regeneración urbana».

Jornada sobre «La rehabilitación como motor de la regeneración urbana», celebrada en el Ayuntamiento de Getafe.

En este foro, en el que también participaron portavoces del Ayuntamiento de Madrid, Andimat, Gas Natural, Ferrovial o Triodos Bank, entre otras organizaciones, los expertos pusieron en evidencia otras barreras con las que se encuentra la rehabilitación energética, además de nuevos modelos de apoyo económico, tales como: la imprescindible profesionalización del sector, para garantizar intervenciones de calidad, y la indispensable concienciación del ciudadano -y el trabajo comunicativo que conlleva por parte de los agentes del sector-, sobre los beneficios de la rehabilitación energética en términos de salud, confort y calidad de vida y, muy especialmente, en ahorro económico, a medio y largo plazo.

Consciente de todo ello, la UE centra cada vez más las convocatorias de los proyectos europeos especializados en construcción, en materias de energía, innovación, sostenibilidad, financiación y economía circular, sin olvidar la particular y esencial cuestión de la formación.

Según el Informe Barcelona Building Construmat, elaborado por el Instituto de Tecnología de la Construcción de Catalunya (ITec): “De la crisis sólo saldremos rehabilitando”. Y aunque en nuestro país está siendo una palanca clave, debemos dedicar más esfuerzos, ya que “Europa está invirtiendo entre 4,4 y 5,9 más veces que España en rehabilitación”, tal y como indica el citado estudio.

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La economía circular, clave de la nueva industria de la construcción

“Producir, consumir y tirar” es y será sustituido por “reducir, reutilizar y reciclar”, conocidas también como las “3 R”. Esta es la máxima de la economía circular, el nuevo modelo de producción que busca prolongar la vida útil de los materiales y los recursos tanto como sea posible, reduciendo al mínimo la generación de residuos.

La Comisión Europea promueve desde hace varios años la transición de Europa hacia una economía circular, con el firme convencimiento de que ésta impulsará la competitividad, fomentará el crecimiento económico sostenible y creará nuevos puestos de trabajo. De este modo, a finales de 2015 lanzó un paquete de medidas para impulsar este nuevo sistema alternativo de producción y consumo. Entre las decisiones adoptadas, destaca la creación de una plataforma de apoyo financiero para la economía circular con el Banco Europeo de Inversiones (BEI); asimismo, propone una mejora de la legislación relativa a ciertas sustancias peligrosas en aparatos eléctricos y electrónicos, al tiempo que ofrece orientaciones a los Estados miembros sobre la transformación de residuos en energía.

Dado que la construcción es uno de los sectores con mayor impacto ambiental y con alto porcentaje de generación de residuos, la aplicación de la economía circular es clave de la transformación de la nueva industria de la construcción.

Precisamente, la CE acaba de lanzar un Protocolo sobre los residuos de la construcción y demolición (RCDs) dado que representan uno de los mayores volúmenes de residuos en Europa. “Se produce una tonelada de residuos de construcción y demolición por persona y año, lo que significa 500 millones de toneladas anuales en toda la UE”, afirman desde el organismo europeo.

En este sentido, es reseñable poner como ejemplo a la industria cementera española, que lleva años utilizando las denominadas “materias primas secundarias”, los productos que abandonan la condición de residuos para convertirse en recursos. (Te recomendamos nos perderte un post anterior donde te contábamos que hace la industria cementera española para que sus residuos no acaben en vertederos).

Pero no sólo la economía circular debe aplicarse en la gestión de residuos de construcción y demolición, como apuntaba el recién reelegido presidente de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), Juan Lazcano, este miércoles 22 de marzo, en El Economista: “El sector de la construcción va a desempeñar un papel clave en el proceso de transición a esa economía circular, sobre todo por lo que afecta a las repercusiones medioambientales de sus procesos y a la gestión de sus residuos, pero también por lo que se refiere al comportamiento medioambiental del producto construido, fundamentalmente los edificios”.

La innovación es el aliado principal con el que cuenta la construcción para hacer posible la verdadera transición hacia la economía circular, reduciendo residuos, diseñando en origen de forma ecológica, utilizando materiales reciclados, mejorando el rendimiento de los edificios o construyendo con criterios de eficiencia energética.

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Bruselas estrena la Torre Astro, el edificio sostenible más alto de Europa, diseñado por una firma española

A principios de este mes se inauguraba en Bruselas el edificio sostenible más alto de Europa. Se trata de la Torre Astro, un rascacielos de 113 metros de altura y 41 plantas.

El estudio del arquitecto español Carlos Lamela ha sido el encargado de diseñar la rehabilitación de este edificio construido en 1974 por el arquitecto Albert Donker. El proyecto comenzó en 2010, con el propósito de preservar la esencia de la antigua construcción.

Y aunque se conserva la estructura de la torre anterior, se sustituyeron las fachadas por otras para ganar en luminosidad y conseguir el control energético del edificio. Además, éstas se prolongaron en las últimas plantas para lograr una mayor sensación de esbeltez.

La Torre Astro es un edificio “verde” en términos de ahorro y consumo energético, ya que se ha conseguido reducir su consumo de energía en un 90% y el gasto en calefacción en un 60%. Estas cifras prueban la consecución del objetivo de que el rascacielos absorbiese el máximo de energía exterior y emitiese la menor posible.

torre astro

La Torre Astro, en Bruselas | Fuente: Estudio Lamela

La mejora del aislamiento y el triple vidrio con control de factor solar de sus fachadas evitan pérdidas de energía. Además, el edificio cuenta con sistemas de climatización eficientes como techo radiante y dispone de cubiertas vegetales que resguardan la torre de las temperaturas exteriores y también contribuyen a su eficiencia energética.

Por todo ello, el rascacielos recibió la acreditación belga de edificio pasivo, la certificación Bâtiment Passif 2014 y 2015, que corrobora que es un edificio prácticamente autosuficiente desde un punto de vista energético.

La torre, de 52.627 m2 de superficie, albergará la sede central de Actiris, un organismo público belga que se encarga de ayudar a encontrar empleo en la región de Bruselas. Este proyecto ha tardado alrededor de seis años en materializarse y ha supuesto una inversión del 55 millones de euros.

 

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